Por lo que se refería a los demás, a cuantos lo rodeaban, no dejaba de hacer constantemente los intentos más heróicos y serios para quererlos, para hacerles justicia, para no causarles daño, pues el "ama a tu prójimo" lo tenía tan hondamente inculcado como el odio a sí mismo. Y de este modo, fué toda su vida una prueba de que sin amor de la propia persona es también imposible el amor al prójimo, de que el odio de uno mismo es exactamente igual, y en fin de cuentas produce el mismo horrible aislamiento, y la misma desesperación, que el egoísmo más rabioso.
"Hay que estar orgulloso del dolor; todo dolor es un recuerdo de nuestra condición elevada (...) La mayor parte de los hombres no quieren nadar antes de saber."
Han nacido para la tierra, no para el agua. Y, naturalmente, no quieren pensar; como que han sido creados para la vida, ¡no para pensar! Claro, y el que piensa, el que hace del pensar lo principal, ése podrá acaso llegar muy lejos en esto; pero ése precisamente ha confundido la tierra con el agua, y un día u otro se ahogará.
(...)
Ausente, solitario y extraño, estaba sentado con una expresión fría, pero llena de preocupaciones, y mirando en el vacío. Luego vino otra pieza, una pequeña sinfonía de Friedemann Bach, y entonces vi con asombro cómo a los pocos compases mi forastero empezaba a sonreír y a entregarse...
Hermann Hesse.
Saturday, May 27, 2006
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment